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La Parroquia y el Convento fueron los primeros edificios religiosos de la villa de Metztitlán (su construcción se inició en 1537). Mas, cuenta la leyenda, hubo una inundación de tan grandes proporciones que los agustinos se vieron obligados a abandonarlos; luego decidieron construir otro, más arriba, al que no alcanzaran las aguas. Nos referimos a Los Santos Reyes. (Ver Galeria)
Compuesto por un templo y un claustro de dos pisos, construido este último en tomo de un patio cuadrangular.
Al acceder al recinto admiramos la fachada del conjunto monástico. En el interior del templo destacan cinco retablos ubicados en los paramentos laterales, y el retablo mayor, al fondo. El perímetro de la nave está ornamentado con un friso de estilo plateresco, con motivos renacentistas.
Los cinco retablos, de estilo barroco, son de madera tallada y dorada, y casi todos son del siglo XVII. El del altar mayor es obra del escultor Salvador de Ocampo y fue realizado en 1697. En éste, además de pinturas y esculturas, puede admirarse en hermoso relieve el notable acabado de la advocación de "Los Santos Reyes". Como parte de la ornamentación aparecen las figuras de los santos evangelistas y los santos doctores de la Iglesia.
El interés de Metztitlán reside en los programas iconográficos desarrollados en el Portal de Peregrinos, en el claustro y en la escalera. El primero nos presenta una gran pintura mural, que se conserva en buen estado, y cuyo tema es el Árbol de la Vida, composición alegórica de Cristo en la Cruz, que es un esquema arbóreo con seis roleos enmarcando a otros tantos sacramentos, quedando el bautismo figurado al pie, junto a la taza de la fuente. El simbolismo del Árbol sirve para mostrar cómo la gracia de Cristo la distribuye la Iglesia por los cauces de los Sacramentos, en este caso ensamblados dentro de las ramas de un árbol. La composición deriva de un grabado de Bartolomeo Olmo o Lulmus, y la imitación es bastante literal.
Con base en grabados manieristas nórdicos y esquemas de procedencia de Serlio, se realizó la decoración pictórica del claustro, pero lo que conviene destacar son las composiciones de los lunetos de los ángulos del claustro, que proceden de grabados italianos por identificar. Aquí se combinan imágenes de Evangelistas y Doctores de la Iglesia.
El programa iconográfico del convento se completa con las representaciones pictóricas de la escalera, en mal estado, por cierto, con dos temas capitales para la vida del monje: los triunfos de la Castidad y de la Paciencia, pues ambas virtudes debían de ser ejercitadas ante las seducciones del mundo y en la vida cotidiana de convivencia. Se emplearon grabados de Dirk Volkertsz Coornhert (1519-1590) sobre ideas originales de Martín de Heemskerck. Y es gracias a estos grabados por los que podemos reconstruir las composiciones alegóricas de los muros de la escalera, que aparecen en forma fragmentaria.
Para el Triunfo de la Castidad se puso como prototipo a José, que desfila triunfante en primer término, cabalgando sobre un buey; para identificar al personaje se puso en el ángulo superior izquierdo la representación de sus hermanos vendiéndole a unos mercaderes egipcios; esta acción era fruto de la Envidia, figura seca que desfila en el extremo derecho de la composición. José venció el amor lícito de Zephirach gracias al valor de su fe y al candor de su ánimo. El valor de su sacrificio, representado por un toro, hizo que Dios lo mantuviera virgen y puro. No menos compleja es la representación del Triunfo de la Paciencia, en la que la protagonista, sedente y armada, desfila con sus atributos en un carro tirado por la Esperanza y el Deseo. Significativa es la colocación de la poderosa Fortuna, que llega a servir a la Paciencia con pudor, una vez que sus fuerzas ciegas han sido vencidas, pues lleva los ojos tapados y la rueda rota. No podía ser más compleja la alegoría, solo asequible, de hecho, a los monjes conocedores de la tradición clásica.
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