LA TERCENA DE METZTITLÁN HGO.
RARO EJEMPLO DE CONSTRUCCIÓN CIVIL DEL SIGLO XVI

Pocos edificios de esta arquitectura colonial se conservan en México. Uno de los edificios virreinales más antiguos que quedan en pie en nuestro país es La Tercena de Metztitlán, Hidalgo. Es una pequeña construcción, realizada entre 1537 y 1540, que pudo haberse utilizado para la recaudación de diezmos y tributos y hasta como almacén y hoy se encuentra amenazada por los movimientos del terreno en el que se asienta.

Desde los primeros años de la década de los noventa todo Metztitlán ha sufrido el deslizamiento de los taludes de la montaña en la que se ubica. Parte de la población tuvo que ser reubicada porque se presentaron en la superficie del terreno grietas de hasta un metro de ancho y diez de profundidad que amenazaban su seguridad.

Las fallas geológicas ocasionaron el derrumbe de algunas viviendas, así como de un templo protestante y daños en los tres monumentos históricos que existen en localidad, que datan del siglo XVI, y que constituyen unas de las edificaciones más antiguas de todo el país: la iglesia y convento de Los Santos Reyes, el ex convento de La Comunidad y La Tercena.


Se llama tercena al lugar donde se expende carne, otra definición es el almacén del Estado en el que se vende por mayoreo tabaco y otros productos estancados. El desaparecido Justino Fernández escribió que aunque "nada se sabe de cierto" la de Metztitlán se usaba para recaudar diezmos y tributos.

La simulación de las curules

De acuerdo con información documental de la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en el edificio se realizaban reuniones de personajes principales, dado que en la rica pintura mural que adorna las paredes y bóvedas de una de las dos salas que lo componen hay representaciones —en imitación madera— de lo que parecen ser respaldos de sitiales, rematados en forma de concha.

Los del muro norte son de menor tamaño: "Como si quienes ocuparan esta pared se sentasen en el suelo y tuviesen menor jerarquía". La pintura se complementa con imágenes de jarrones renacentistas y aves que bien podrían representar "al fabuloso achiquiliche de que nos hablan las tradiciones de la región".

No se conservan los murales en su totalidad, pero se puede ver aún el dibujo de un águila que devora un alacrán. Alrededor tiene cintas con inscripciones en latín y en el otro extremo del muro se ven fragmentos de lo que fue una calavera y restos de las cintas mencionadas.

Construida a finales de la década de los 30 del siglo XVI, La Tercena es junto con el Palacio de Cortés, de Cuernavaca, y la Casa del Cacique, de Teposcolula, Oaxaca, uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil de la época colonial que aún podemos ver.


Ambos, dice el documento de la Dirección de Sitios, tienen un emplazamiento excepcional con el que dominan una amplia extensión del paisaje: "Es el resultado de una concordancia entre las concepciones del Renacimiento Italiano, en la creación de sus palacios y los volúmenes de la arquitectura hispanomusulmana.

"Nada tiene de raro que los aspectos coincidentes de estas dos corrientes artísticas hayan sido fuente para las creaciones arquitectónicas del siglo XVI novohispano".
La arquitectura de La Tercena corresponde a una época anterior al barroco. Se caracteriza por la pureza de sus elementos geométricos y sus superficies planas y lisas, apenas sobresalen algunas leves molduraciones y, en la entrada, tres arcos con columnas retorcidas.


"En esta arquitectura del siglo XVI hay una perfecta adecuación de todos sus elementos: volúmenes, texturas, emplazamiento, molduraciones, arquerías, bóvedas, espacio expresivo estético; es una arquitectura que por sus líneas generales de composición, puede incluirse dentro de una etapa de clasicismo del estilo del Renacimiento. Un estilo en que, en el caso de la Nueva España, resultó de gran uniformidad y perfecta definición".

Con flejes y garras

El arquitecto Rubén Campos, subdirector de Restauración de Bienes Histórico Culturales de la Dirección de Sitios y Monumentos, explicó que, dado que el inmueble se ubica en las partes bajas del cerro -a unos 300 metros del convento de Los Santos Reyes- se ha visto afectado por el deslizamiento de los taludes. Dijo que hace unos cinco años se intervino el inmueble con el propósito de asegurar su estructura: "Se le incorporaron algunos elementos de concreto para evitar el deterioro y los movimientos; tratamos de amarrar el edificio provisionalmente y flejamos todas las columnas que componen la arquería, porque estaba estallando la cantera",


Sin embargo los problemas de deterioro continuaron porque el problema no es propiamente la estructura, sino el terreno: "Vimos la necesidad de intervenir el subsuelo mediante el mejoramiento de las capas superficiales con suelo-cemento. Excavamos en franjas alternadas para encontrar las capas más o menos firmes y reforzar los suelos de riel con el cemento".

Es una obra semejante a los cimientos, pero por fuera del edificio, no por abajo: "Son como garras en todas las áreas exteriores. Como son zonas de relleno pretendimos detener el movimiento del terreno y proteger el edificio. Durante estos años se ha mantenido más o menos estable".

Periódicamente se revisan los elementos que sujetan las columnas. En las grietas del edificio se colocaron una especie de parches de yeso que muestran si hay o no movimientos en el edificio.

El problema es que al deslizarse los taludes del cerro se corren los terrenos en los que se asienta La Tercena. En la parte alta del cerro, rodeando una parte del convento de Los Santos Reyes se construyó un muro de contención para evitar que siga moviéndose el cerro y se espera que esos trabajos redunden en beneficio del edificio civil virreinal.